Nombre oficial: Reino de España
Superficie: 504.645 Km2
Capital: Madrid 3.213.271 hab. (2009)
Moneda: Euro
Idioma: español o castellano (oficial nacional); hay también idiomas oficiales regionales como el euskera o vasco, el gallego, el catalán, el valenciano, el mallorquín. Idiomas regionales no oficiales: fabla aragonesa, asturiano, canario, extremeño o castúo; y los idiomas gitanos: caló y romaní.
Población: 46.661.950[ (2009)
Division administrativa: España está dividida en 17 comunidades autónomas: País Vasco; Cataluña; Galicia; Andalucía; Principado de Asturias; Cantabria; La Rioja; Murcia; Comunidad Valenciana; Aragón; Castilla La Mancha; Canarias; Navarra; Extremadura; Comunidad Autónoma de las Islas Baleares; Comunidad de Madrid; Castilla León. Cada una de ellas tiene un régimen institucional propio, con un poder ejecutivo unipersonal y un legislativo unicameral.
Fiesta nacional: 12 de octubre, Día de la Hispanidad.

Pamplona

El territorio se extiende sobre el 82% de la península ibérica y las islas Baleares y Canarias. El centro del país es una meseta; al norte están los Pirineos, límite natural con Francia. Al sur se extienden las Cadenas Béticas. En el interior de la península se levantan las Sierras Centrales, que separan las mesetas de Castilla-León y Castilla-La Mancha. En la cuenca del Ebro, al noreste, se extienden las llanuras de Cataluña, Valencia y Murcia, y en la cuenca del Guadalquivir, al sur, la llanura de Andalucía. Tiene clima húmedo y moderado, con presencia de bosques en el norte y noroeste; en el interior, en el sur y en el oeste, el clima es seco. El 40% de la tierra es cultivable. Aproximadamente el 5% de la superficie total es área protegida. Los recursos naturales incluyen carbón, algo de petróleo y gas, hierro, uranio y mercurio. La industria, en rápido crecimiento, se concentra en Cataluña y el País Vasco; éste cuenta con altos hornos y fabrica papel.

Las emisiones de contaminantes del aire y del agua, per cápita, superan la media de Europa occidental. Desde 1970, se ha duplicado el uso de fertilizantes nitrogenados. Las concentraciones de nitrato en el río Guadalquivir están por encima de 25% desde 1975. La población que cuenta con saneamiento ha crecido desde 14% en 1975 a 48% a fines de 1980. Esto sumado a los residuos de la refinación de petróleo y la producción de gas ha elevado la contaminación del Mediterráneo.

Origenes del Cooperativismo Español

Algunos años después de la conformación de la cooperativa de Rochdale, y teniendo como referencia las experiencias que se estaban desarrollando en Francia, aparecieron en España, concretamente en Cataluña, las primeras cooperativas de consumo existentes en el Estado. Todos los indicios apuntan a Fernándo Garrido, líder republicano exiliado y autor de los primeros textos que sobre cooperativismo se escribieron en España hacía 1863, como el inspirador de la creación de esas primeras cooperativas.

Garrido mantuvo durante su exilio en París estrechos contactos con discípulos de Charles Fourier, defensor acérrimo del cooperativismo de consumo en un país como Francia, que desde el principio se había decantado por el cooperativismo de producción, el cual atacaba duramente las imperfecciones del comercio y la explotación del consumidor. Una vez en España, Fernándo Garrido publicó varios libros que propagaron por todo el Estado los éxitos y virtudes de las cooperativas de consumo europeas.

Las primeras cooperativas de consumo españolas se crearon de forma casi clandestina en Cataluña y Valencia, siendo la más emblemática entre las pioneras la Económica Palafrugellense, fundada en Gerona en 1865, bajo la inspiración de los mencionados textos de Fernándo Garrido. Esta cooperativa abrió una tienda en un modesto local conocido como Fonda de la Pepa, en el que se suministraba una reducida variedad de artículos con la ayuda de los asociados, que hacían las veces de dependientes. La Económica Palafrugellense abría tres veces a la semana y sólo por las mañanas. Al finalizar su primer ejercicio económico tenía 78 socios, un capital de 2.021 pesetas y 482 pesetas de beneficios del capital y del consumo.

Durante esos primeros años, las cooperativas fueron casi exclusivamente intentos modestos, pero fervientes, de asociaciones de consumidores basándose en la fraternidad y la ayuda mutua. Eran una especie de mutualidades en las que los socios percibían ayudas económicas en caso de enfermedad o desgracia, incluso durante las huelgas.

A principios de siglo, la mayoría de las cooperativas de consumo catalanas eran socialistas y representaban una considerable fuerza para el movimiento cooperativo. Su significativa entidad quedó de manifiesto con la publicación de la Revista Cooperativa Catalana, con toda probabilidad el primer periódico dedicado a la cooperación en España.

Sin embargo, respecto de Europa, las estadísticas de la época muestran que el cooperativismo de consumo en España estaba mucho menos desarrollado, si se exceptúan Holanda y Portugal. Un análisis presentado en 1904 por Charles Gide indica que existe un abismo enorme entre el número de cooperativas existentes en países como Francia, Alemania o Gran Bretaña y las registradas en España, donde se señala que hay 239. Este fenómeno respondía a que las ideas cooperativistas se extendieron con mayor retraso y lentitud en el estado español.

En algunos casos las cooperativas consiguieron alcanzar grados superiores de organización y constituían almacenes mayoristas e incluso fábricas de chocolates, aceites o fideos. Pero en general, esos intentos que llegaron a buen término en otros países, en España fueron de corta duración al ser superados casi siempre por individualismos que impidieron cualquier proceso de integración.

Banca Social

A mediados del año 1989, veintitrés Cajas Rurales, hasta aquel momento pertenecientes al Grupo Asociado banco de Crédito Agrícola - Cajas Rurales Asociadas, dejaron el Grupo BCA y crearon la Asociación Española de Cajas Rurales. Posteriormente, y hasta la fecha actual, se han incorporado a la Asociación otras sesenta Cajas Rurales.
El marco institucional que representa en si misma, así como la estructural empresarial que ha surgido en torno a ella, confirma la consolidación del proceso de concentración más reciente y de mayor envergadura realizado en la banca cooperativa española. El sistema de integración resultante es un modelo de banca federada que permite salvaguardar la autonomía de las Entidades Asociadas que lo forman, sin tener que renunciar al requisito indispensable de operatividad bancaria y eficiencia empresarial, al tiempo que supera las limitaciones de cada Entidad por su respectiva dimensión individual y el ámbito geográfico de su actividad.


La fórmula de integración adoptada por el Grupo Caja Rural sigue los pasos de otros sistemas afines de banca cooperativa con larga tradición y éxito en Europa, algunos de los cuales se clasifican entre los primeros grupos bancarios del continente, como son el Okobank finlandés, el Rabobank en los Países Bajos, el Crédit Agricole en Francia o el sistema alemán Volksbanken-Raiffeisenbanken, más conocido en España por su entidad central DG BANK, que ostentan unas cuotas de mercado del 31, 25, 22 y 21 por ciento, aproximada y respectivamente. En el momento actual las 83 Cajas Rurales que integran el Grupo suponen la práctica totalidad de las cajas rurales operantes en España (mas del 96% del volumen total de activos).

El cooperativismo surge durante la segunda mitad del siglo XIX, cuando la revolución industrial y el capitalismo alcanzan su máximo apogeo, como una alternativa al capitalismo puro, pero sin distorsionar los métodos y procedimientos. Primero aparece como una fórmula para abaratar los costos del consumo familiar, pero pronto es aplicado a las distintas ramas de la actividad económica: agricultura,. Industria, construcción, comercialización, etc.

En España, la cronología de la evolución del cooperativismo es la siguiente:

1856: constitución de la primera Cooperativa en España.

1870: aparición del Decreto por el que se reconoce la legalidad de las Cooperativas.

1887: publicación de la Ley de Asociaciones que contempla a las Cooperativas de Producción y Consumo.

1906: publicación de la Ley de Sindicatos Agrícolas, gracias a la cual se constituyeron numerosas Cooperativas Agrarias, ya que en ella se les reconoce ventajas de tipo fiscal e incentivos de carácter económico.

1931: 1ª Ley de Cooperación.

1942: Nueva Ley de Cooperación.

1971: Nuevo Reglamento que desarrolla la Ley de 1942.

1974: promulgación de la Ley General de Cooperativas.

1978: En el art. 129.2 de la Constitución Española se redacta: “Los poderes públicos promoverán eficazmente las diversas formas de participación de la empresa y fomentarán, mediante una legislación adecuada, las sociedades cooperativas...”.

1982: Ley sobre Cooperativas de Euskadi.

1983: Ley de Cooperativas de Cataluña.

1985: Ley de Cooperativas Andaluzas. Ley de Cooperativas de la Comunidad Valenciana.

1987: Ley General de Cooperativas. (Para aquellas Sociedades Cooperativas de ámbito superior a Andalucía. Ejemplo: Área ibérica andaluz-extremeña, hortofrutícola murciano-andaluza, etc.).

1989: Ley Foral de Cooperativas de Navarra

Cooperativismo Español Hoy

Las 619 sociedades englobadas en la Federación Andaluza de Empresas Cooperativas Agrarias (Faeca) facturaron unos 368.636 millones de pesetas (2.215,55 millones de euros) el pasado año, según la Memoria de 2000 de esta organización. El documento, presentado en Sevilla en la Asamblea General de la federación agraria, refleja que Almería fue la provincia con mayor facturación, casi 93.600 millones de pesetas (562,55 millones de euros), seguida de Córdoba, con 63.773 (383,3 millones de euros), Sevilla, con 53.150 (319,43 millones de euros) y Jaén, con 51.470 (309,34 millones de euros). Entre las provincias con menor facturación se encontraron Málaga, con 42.024 millones de pesetas (252,6 millones de euros); Granada, con 26.374 millones (158,5 millones de euros); Huelva, con 25.106 millones (151 millones de euros); y Cádiz, con 13.137 millones (79 millones de euros). Por sectores, fue el aceite de oliva y orujo el que mayor volumen de negocio alcanzó, con 125.295,7 millones de pesetas (753 millones de euros).

En España constituyen una fuerza empresarial del orden de 27.000 empresas cooperativas, en cuyo seno desarrollan su trabajo más de 300.000 personas. De éstas, aproximadamente 16.000 son Cooperativas de Trabajo Asociado (c.t.a.), las cuales emplean a unas 250.000 personas. Las cooperativas de trabajo asociado conjugan al tiempo, profesionalidad, flexibilidad y participación. Representan un modelo de empresa en el que los objetivos económicos y empresariales se integran con otros de carácter social. Se consigue así un crecimiento económico basado en el empleo, la equidad social y la igualdad.

Gracias a su funcionamiento participativo y a su elevada capacidad de adaptación, resultan eficaces como instituciones generadoras de empleo. La Estabilidad de los puestos de trabajo es superior a la media de las empresas, con un 13% de trabajadores eventuales frente a un 32% del resto de sociedades. Aumentan la riqueza y redistribuyen eficazmente la renta. Reciclan profesionalmente a sus trabajadores y generan una cultura de participación, corresponsabilidad, y riesgo compartido. Las cooperativas abarcan prácticamente todos los sectores productivos, desde la agricultura pasando por la industria y la construcción hasta llegar a los servicios. Desempeñan un papel primordial en las realidades económicas estatales, regionales y locales. Responden a una demanda cada vez más diferenciada.

Desde el punto de vista de la ordenación del territorio el Cooperativismo contribuye al desarrollo local y al del medio rural, mediante su industrialización y afianzamiento de la población. Las cooperativas tienen un talento único para ensamblar los recursos humanos y naturales de un territorio. En lo bueno y en lo malo, las cooperativas comparten su suerte con la comunidad de la que son expresión, y de la cual sus raíces son inseparables. Asi mismo, el sector cooperativo con frecuencia opera en la producción de servicios destinados a grupos desfavorecidos -jóvenes, mujeres y desempleados de larga duración- o en la prestación de servicios a la colectividad con especial valor social. En este sentido, combina ventajas del sector privado -control de costes, organización flexible, servicios personalizados,…- con los requisitos éticos propios del servicio público. Abre nuevas perspectivas a la cooperación entre el sector privado y el público.


Una de las principales características del sector de iniciativa social es la de su juventud. Se trata de empresas muy recientes como corresponde a un sector en crecimiento. Si la media de antigüedad de las cooperativas de trabajo asociado es de 11 años, en el caso de las cooperativas de iniciativa social en concreto esa edad media es de tan sólo 8 años. Las cooperativas de iniciativa social creadas de 1990 en adelante son el 70% del total, rondando el 40% las creadas después de 1995. En general todo el sector servicios, en fuerte expansión en la economía nacional y también en el cooperativismo, muestra un fuerte dinamismo, concentrando el grueso de las nuevas iniciativas empresariales.

El 65% de las cooperativas han aumentado su facturación entre 1998 y 1999. El incremento global de la facturación de las cooperativas del sector alcanza, entre ambos años, el 34%, lo que revela un rápido proceso de crecimiento del número de cooperativas y del tamaño de las jóvenes cooperativas de iniciativa social. En total las cooperativas de iniciativa social han pasado de facturar unos 103.000 millones anuales en 1998 a facturar más de 145.000 millones en 1999.

A partir de los datos de nuestra encuesta podemos estimar el número de trabajadores empleados en el sector de iniciativa social (socios y trabajadores). Hemos calculado un empleo total generado por el sector cooperativo de iniciativa social de 45.400 empleos. Esto supone el 21% del empleo total generado por el cooperativismo de trabajo asociado en todo el estado. La forma de vinculación más común de los y las integrantes del sector a sus cooperativas es la de socio trabajador. Hasta el 27% de la plantilla de las cooperativas de iniciativa social son socios. Los trabajadores asalariados con contrato fijo suponen un 4% y los asalariados con alguna forma de contrato temporal son el 68%.

Las explicaciones que dan cuenta de este grado tan elevado de temporalidad giran sobre dos aspectos:

- La precariedad en la financiación por la escasez de recursos públicos dedicados a él y, en general, la minusvaloración de la importancia social de la tarea que realizan las entidades que prestan estos servicios sociales. En muchas ocasiones las administraciones siguen pensando en la gestión privada (lucrativa o no) de los servicios como una forma de abaratar costes laborales y de gestión. En este contexto las cooperativas se ven abocadas a una gestión de la mano de obra que va contra sus principios fundadores.

- Por otro lado, muchas cooperativas han crecido rápido, integrando a amplios colectivos de trabajadores que únicamente buscan un empleo convencional. El acercamiento y entendimiento entre los socios trabajadores fundadores y los nuevos trabajadores asalariados no siempre resulta fácil, dado que son formas de entender la relación con la empresa y el trabajo muy diferentes. Este hecho, reforzado por la inestabilidad del sector (como veremos más adelante), distancia a unos trabajadores (los socios), de buena parte de los otros (los contratados), y dificulta realizar el proyecto cooperativo tal como los cooperativistas quisieran: formado únicamente por socios trabajadores de la cooperativa.

Las cooperativas de trabajo asociado y, entre ellas, las de iniciativa social, pueden elegir el régimen de cotización que prefieren para sus socios: autónomos o en régimen general. El 30% de las cooperativas de iniciativa social tienen a sus socios trabajadores en régimen de autónomos. El 70%, por tanto, en régimen general. Estos datos difieren de los que ofrecen diversas fuentes para el conjunto del cooperativismo. Se observa que, para el conjunto de todos los sectores productivos (industria, construcción y servicios), el régimen de autónomos se aplica en el 54% de las cooperativas8. Parece pues que el Régimen General es la preferencia de las cooperativas de iniciativa social, lo que coincide con estudios previos que detectan mayor presencia de este régimen de cotización en las cooperativas del sector servicios.

El arraigo y la importancia socioeconómica del olivar en España configuran al sector de los aceites de oliva como un sector estratégico para el país, sobre todo en la Comunidad Autónoma de Andalucía. En este sector, las sociedades cooperativas han sido el tipo de organizaciones preferentemente elegidas por el grueso de olivicultores para solucionar sus problemas de transformación de aceituna en aceite, almacenamiento y venta del mismo.


Sin embargo, y desde la génesis de estas organizaciones, son patentes las deficiencias que arrastran en materia comercial y la prueba más evidente de ello es la práctica inexistencia de aceites envasados con marcas cooperativas en los lineales de los establecimientos minoristas. Esta situación no deja de ser paradójica, si consideramos que en el sector cooperativo se obtiene más del 60 por 100 del aceite producido en Andalucía.


Confederación de Cooperativas de Colombia - Confecoop
Cra 15 No 97-40 Oficina 601 PBX 6170803 FAX 6171497Bogotá, Colombia
© 2007 Confecoop. Todos los Derechos Reservados - All rights reserved