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El
territorio se extiende sobre el 82% de
la península ibérica y las
islas Baleares y Canarias. El centro del
país es una meseta; al norte están
los Pirineos, límite natural con
Francia. Al sur se extienden las Cadenas
Béticas. En el interior de la península
se levantan las Sierras Centrales, que
separan las mesetas de Castilla-León
y Castilla-La Mancha. En la cuenca del
Ebro, al noreste, se extienden las llanuras
de Cataluña, Valencia y Murcia,
y en la cuenca del Guadalquivir, al sur,
la llanura de Andalucía. Tiene
clima húmedo y moderado, con presencia
de bosques en el norte y noroeste; en
el interior, en el sur y en el oeste,
el clima es seco. El 40% de la tierra
es cultivable. Aproximadamente el 5% de
la superficie total es área protegida.
Los recursos naturales incluyen carbón,
algo de petróleo y gas, hierro,
uranio y mercurio. La industria, en rápido
crecimiento, se concentra en Cataluña
y el País Vasco; éste cuenta
con altos hornos y fabrica papel.
Las emisiones de contaminantes del aire
y del agua, per cápita, superan
la media de Europa occidental. Desde 1970,
se ha duplicado el uso de fertilizantes
nitrogenados. Las concentraciones de nitrato
en el río Guadalquivir están
por encima de 25% desde 1975. La población
que cuenta con saneamiento ha crecido
desde 14% en 1975 a 48% a fines de 1980.
Esto sumado a los residuos de la refinación
de petróleo y la producción
de gas ha elevado la contaminación
del Mediterráneo.
Origenes
del Cooperativismo Español
Algunos
años después de la conformación
de la cooperativa de Rochdale, y teniendo
como referencia las experiencias que se
estaban desarrollando en Francia, aparecieron
en España, concretamente en Cataluña,
las primeras cooperativas de consumo existentes
en el Estado. Todos los indicios apuntan
a Fernándo Garrido, líder
republicano exiliado y autor de los primeros
textos que sobre cooperativismo se escribieron
en España hacía 1863, como
el inspirador de la creación de
esas primeras cooperativas.
Garrido
mantuvo durante su exilio en París
estrechos contactos con discípulos
de Charles Fourier, defensor acérrimo
del cooperativismo de consumo en un país
como Francia, que desde el principio se
había decantado por el cooperativismo
de producción, el cual atacaba
duramente las imperfecciones del comercio
y la explotación del consumidor.
Una vez en España, Fernándo
Garrido publicó varios libros que
propagaron por todo el Estado los éxitos
y virtudes de las cooperativas de consumo
europeas.
Las
primeras cooperativas de consumo españolas
se crearon de forma casi clandestina en
Cataluña y Valencia, siendo la
más emblemática entre las
pioneras la Económica Palafrugellense,
fundada en Gerona en 1865, bajo la inspiración
de los mencionados textos de Fernándo
Garrido. Esta cooperativa abrió
una tienda en un modesto local conocido
como Fonda de la Pepa, en el que se suministraba
una reducida variedad de artículos
con la ayuda de los asociados, que hacían
las veces de dependientes. La Económica
Palafrugellense abría tres veces
a la semana y sólo por las mañanas.
Al finalizar su primer ejercicio económico
tenía 78 socios, un capital de
2.021 pesetas y 482 pesetas de beneficios
del capital y del consumo.
Durante
esos primeros años, las cooperativas
fueron casi exclusivamente intentos modestos,
pero fervientes, de asociaciones de consumidores
basándose en la fraternidad y la
ayuda mutua. Eran una especie de mutualidades
en las que los socios percibían
ayudas económicas en caso de enfermedad
o desgracia, incluso durante las huelgas.
A
principios de siglo, la mayoría
de las cooperativas de consumo catalanas
eran socialistas y representaban una considerable
fuerza para el movimiento cooperativo.
Su significativa entidad quedó
de manifiesto con la publicación
de la Revista Cooperativa Catalana,
con toda probabilidad el primer periódico
dedicado a la cooperación en España.
Sin
embargo, respecto de Europa, las estadísticas
de la época muestran que el cooperativismo
de consumo en España estaba mucho
menos desarrollado, si se exceptúan
Holanda y Portugal. Un análisis
presentado en 1904 por Charles Gide indica
que existe un abismo enorme entre el número
de cooperativas existentes en países
como Francia, Alemania o Gran Bretaña
y las registradas en España, donde
se señala que hay 239. Este fenómeno
respondía a que las ideas cooperativistas
se extendieron con mayor retraso y lentitud
en el estado español.
En
algunos casos las cooperativas consiguieron
alcanzar grados superiores de organización
y constituían almacenes mayoristas
e incluso fábricas de chocolates,
aceites o fideos. Pero en general, esos
intentos que llegaron a buen término
en otros países, en España
fueron de corta duración al ser
superados casi siempre por individualismos
que impidieron cualquier proceso de integración.
Banca
Social
A
mediados del año 1989, veintitrés
Cajas Rurales, hasta aquel momento pertenecientes
al Grupo Asociado banco de Crédito
Agrícola - Cajas Rurales Asociadas,
dejaron el Grupo BCA y crearon la Asociación
Española de Cajas Rurales. Posteriormente,
y hasta la fecha actual, se han incorporado
a la Asociación otras sesenta Cajas
Rurales.
El marco institucional que representa
en si misma, así como la estructural
empresarial que ha surgido en torno a
ella, confirma la consolidación
del proceso de concentración más
reciente y de mayor envergadura realizado
en la banca cooperativa española.
El sistema de integración resultante
es un modelo de banca federada que permite
salvaguardar la autonomía de las
Entidades Asociadas que lo forman, sin
tener que renunciar al requisito indispensable
de operatividad bancaria y eficiencia
empresarial, al tiempo que supera las
limitaciones de cada Entidad por su respectiva
dimensión individual y el ámbito
geográfico de su actividad.
La fórmula de integración
adoptada por el Grupo Caja Rural sigue
los pasos de otros sistemas afines de
banca cooperativa con larga tradición
y éxito en Europa, algunos de los
cuales se clasifican entre los primeros
grupos bancarios del continente, como
son el Okobank finlandés, el Rabobank
en los Países Bajos, el Crédit
Agricole en Francia o el sistema alemán
Volksbanken-Raiffeisenbanken, más
conocido en España por su entidad
central DG BANK, que ostentan unas cuotas
de mercado del 31, 25, 22 y 21 por ciento,
aproximada y respectivamente. En el momento
actual las 83 Cajas Rurales que integran
el Grupo suponen la práctica totalidad
de las cajas rurales operantes en España
(mas del 96% del volumen total de activos).
El
cooperativismo surge durante la segunda
mitad del siglo XIX, cuando la revolución
industrial y el capitalismo alcanzan su
máximo apogeo, como una alternativa
al capitalismo puro, pero sin distorsionar
los métodos y procedimientos. Primero
aparece como una fórmula para abaratar
los costos del consumo familiar, pero
pronto es aplicado a las distintas ramas
de la actividad económica: agricultura,.
Industria, construcción, comercialización,
etc.
En
España, la cronología de
la evolución del cooperativismo
es la siguiente:
1856:
constitución de la primera Cooperativa
en España.
1870:
aparición del Decreto por el que
se reconoce la legalidad de las Cooperativas.
1887:
publicación de la Ley de Asociaciones
que contempla a las Cooperativas de Producción
y Consumo.
1906:
publicación de la Ley de Sindicatos
Agrícolas, gracias a la cual se
constituyeron numerosas Cooperativas Agrarias,
ya que en ella se les reconoce ventajas
de tipo fiscal e incentivos de carácter
económico.
1931:
1ª Ley de Cooperación.
1942:
Nueva Ley de Cooperación.
1971:
Nuevo Reglamento que desarrolla
la Ley de 1942.
1974:
promulgación de la Ley General
de Cooperativas.
1978:
En el art. 129.2 de la Constitución
Española se redacta: Los
poderes públicos promoverán
eficazmente las diversas formas de participación
de la empresa y fomentarán, mediante
una legislación adecuada, las sociedades
cooperativas....
1982:
Ley sobre Cooperativas de Euskadi.
1983:
Ley de Cooperativas de Cataluña.
1985:
Ley de Cooperativas Andaluzas. Ley de
Cooperativas de la Comunidad Valenciana.
1987:
Ley General de Cooperativas. (Para aquellas
Sociedades Cooperativas de ámbito
superior a Andalucía. Ejemplo:
Área ibérica andaluz-extremeña,
hortofrutícola murciano-andaluza,
etc.).
1989:
Ley Foral de Cooperativas de Navarra
Cooperativismo
Español Hoy
Las
619 sociedades englobadas en la Federación
Andaluza de Empresas Cooperativas Agrarias
(Faeca) facturaron unos 368.636 millones
de pesetas (2.215,55 millones de euros)
el pasado año, según la
Memoria de 2000 de esta organización.
El documento, presentado en Sevilla en
la Asamblea General de la federación
agraria, refleja que Almería fue
la provincia con mayor facturación,
casi 93.600 millones de pesetas (562,55
millones de euros), seguida de Córdoba,
con 63.773 (383,3 millones de euros),
Sevilla, con 53.150 (319,43 millones de
euros) y Jaén, con 51.470 (309,34
millones de euros). Entre las provincias
con menor facturación se encontraron
Málaga, con 42.024 millones de
pesetas (252,6 millones de euros); Granada,
con 26.374 millones (158,5 millones de
euros); Huelva, con 25.106 millones (151
millones de euros); y Cádiz, con
13.137 millones (79 millones de euros).
Por sectores, fue el aceite de oliva y
orujo el que mayor volumen de negocio
alcanzó, con 125.295,7 millones
de pesetas (753 millones de euros).
En
España constituyen una fuerza empresarial
del orden de 27.000 empresas cooperativas,
en cuyo seno desarrollan su trabajo más
de 300.000 personas. De éstas,
aproximadamente 16.000 son Cooperativas
de Trabajo Asociado (c.t.a.), las cuales
emplean a unas 250.000 personas. Las cooperativas
de trabajo asociado conjugan al tiempo,
profesionalidad, flexibilidad y participación.
Representan un modelo de empresa en el
que los objetivos económicos y
empresariales se integran con otros de
carácter social. Se consigue así
un crecimiento económico basado
en el empleo, la equidad social y la igualdad.
Gracias
a su funcionamiento participativo y a
su elevada capacidad de adaptación,
resultan eficaces como instituciones generadoras
de empleo. La Estabilidad de los puestos
de trabajo es superior a la media de las
empresas, con un 13% de trabajadores eventuales
frente a un 32% del resto de sociedades.
Aumentan la riqueza y redistribuyen eficazmente
la renta. Reciclan profesionalmente a
sus trabajadores y generan una cultura
de participación, corresponsabilidad,
y riesgo compartido. Las cooperativas
abarcan prácticamente todos los
sectores productivos, desde la agricultura
pasando por la industria y la construcción
hasta llegar a los servicios. Desempeñan
un papel primordial en las realidades
económicas estatales, regionales
y locales. Responden a una demanda cada
vez más diferenciada.
Desde
el punto de vista de la ordenación
del territorio el Cooperativismo contribuye
al desarrollo local y al del medio rural,
mediante su industrialización y
afianzamiento de la población.
Las cooperativas tienen un talento único
para ensamblar los recursos humanos y
naturales de un territorio. En lo bueno
y en lo malo, las cooperativas comparten
su suerte con la comunidad de la que son
expresión, y de la cual sus raíces
son inseparables. Asi mismo, el sector
cooperativo con frecuencia opera en la
producción de servicios destinados
a grupos desfavorecidos -jóvenes,
mujeres y desempleados de larga duración-
o en la prestación de servicios
a la colectividad con especial valor social.
En este sentido, combina ventajas del
sector privado -control de costes, organización
flexible, servicios personalizados,
-
con los requisitos éticos propios
del servicio público. Abre nuevas
perspectivas a la cooperación entre
el sector privado y el público.
Una de las principales características
del sector de iniciativa social es la
de su juventud. Se trata de empresas muy
recientes como corresponde a un sector
en crecimiento. Si la media de antigüedad
de las cooperativas de trabajo asociado
es de 11 años, en el caso de las
cooperativas de iniciativa social en concreto
esa edad media es de tan sólo 8
años. Las cooperativas de iniciativa
social creadas de 1990 en adelante son
el 70% del total, rondando el 40% las
creadas después de 1995. En general
todo el sector servicios, en fuerte expansión
en la economía nacional y también
en el cooperativismo, muestra un fuerte
dinamismo, concentrando el grueso de las
nuevas iniciativas empresariales.
El
65% de las cooperativas han aumentado
su facturación entre 1998 y 1999.
El incremento global de la facturación
de las cooperativas del sector alcanza,
entre ambos años, el 34%, lo que
revela un rápido proceso de crecimiento
del número de cooperativas y del
tamaño de las jóvenes cooperativas
de iniciativa social. En total las cooperativas
de iniciativa social han pasado de facturar
unos 103.000 millones anuales en 1998
a facturar más de 145.000 millones
en 1999.
A
partir de los datos de nuestra encuesta
podemos estimar el número de trabajadores
empleados en el sector de iniciativa social
(socios y trabajadores). Hemos calculado
un empleo total generado por el sector
cooperativo de iniciativa social de 45.400
empleos. Esto supone el 21% del empleo
total generado por el cooperativismo de
trabajo asociado en todo el estado. La
forma de vinculación más
común de los y las integrantes
del sector a sus cooperativas es la de
socio trabajador. Hasta el 27% de la plantilla
de las cooperativas de iniciativa social
son socios. Los trabajadores asalariados
con contrato fijo suponen un 4% y los
asalariados con alguna forma de contrato
temporal son el 68%.
Las
explicaciones que dan cuenta de este grado
tan elevado de temporalidad giran sobre
dos aspectos:
-
La precariedad en la financiación
por la escasez de recursos públicos
dedicados a él y, en general, la
minusvaloración de la importancia
social de la tarea que realizan las entidades
que prestan estos servicios sociales.
En muchas ocasiones las administraciones
siguen pensando en la gestión privada
(lucrativa o no) de los servicios como
una forma de abaratar costes laborales
y de gestión. En este contexto
las cooperativas se ven abocadas a una
gestión de la mano de obra que
va contra sus principios fundadores.
-
Por otro lado, muchas cooperativas han
crecido rápido, integrando a amplios
colectivos de trabajadores que únicamente
buscan un empleo convencional. El acercamiento
y entendimiento entre los socios trabajadores
fundadores y los nuevos trabajadores asalariados
no siempre resulta fácil, dado
que son formas de entender la relación
con la empresa y el trabajo muy diferentes.
Este hecho, reforzado por la inestabilidad
del sector (como veremos más adelante),
distancia a unos trabajadores (los socios),
de buena parte de los otros (los contratados),
y dificulta realizar el proyecto cooperativo
tal como los cooperativistas quisieran:
formado únicamente por socios trabajadores
de la cooperativa.
Las
cooperativas de trabajo asociado y, entre
ellas, las de iniciativa social, pueden
elegir el régimen de cotización
que prefieren para sus socios: autónomos
o en régimen general. El 30% de
las cooperativas de iniciativa social
tienen a sus socios trabajadores en régimen
de autónomos. El 70%, por tanto,
en régimen general. Estos datos
difieren de los que ofrecen diversas fuentes
para el conjunto del cooperativismo. Se
observa que, para el conjunto de todos
los sectores productivos (industria, construcción
y servicios), el régimen de autónomos
se aplica en el 54% de las cooperativas8.
Parece pues que el Régimen General
es la preferencia de las cooperativas
de iniciativa social, lo que coincide
con estudios previos que detectan mayor
presencia de este régimen de cotización
en las cooperativas del sector servicios.
El
arraigo y la importancia socioeconómica
del olivar en España configuran
al sector de los aceites de oliva como
un sector estratégico para el país,
sobre todo en la Comunidad Autónoma
de Andalucía. En este sector, las
sociedades cooperativas han sido el tipo
de organizaciones preferentemente elegidas
por el grueso de olivicultores para solucionar
sus problemas de transformación
de aceituna en aceite, almacenamiento
y venta del mismo.
Sin embargo, y desde la génesis
de estas organizaciones, son patentes
las deficiencias que arrastran en materia
comercial y la prueba más evidente
de ello es la práctica inexistencia
de aceites envasados con marcas cooperativas
en los lineales de los establecimientos
minoristas. Esta situación no deja
de ser paradójica, si consideramos
que en el sector cooperativo se obtiene
más del 60 por 100 del aceite producido
en Andalucía.
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